Entrevista a Mohsen Emadi

Sentado a la orilla de una fuente artificial en la explanada del Museo de Historia, sacó una bolsita con tabaco y una pipa. Prendió fuego. Observó en silencio a los vendedores ambulantes. Mohsen sonrió cuando comencé a grabar para hacer la prueba de sonido, sólo escuchamos el movimiento del agua.

Aquella mañana, 20 de noviembre de 2015, dio una charla en la Facultad de Filosofía y Letras, como parte de las actividades del XX Encuentro Internacional de Escritores.

 

Mohsen Emadi es poeta y traductor iraní, estudió informática, piensa que las palabras tienen una densidad y un peso distinto según el compromiso que tengamos con su significado al pronunciarlas, fue discípulo de Ahmad Shamlú y desde el 2009 ha estado exiliado por enfrentarse al régimen de Mahmud Ajmadineyad. Asilado en México, vive en la Casa Refugio Citlaltépetl.

Entramos a la biblioteca del Museo de Historia Mexicana, nos concedieron una oficina pequeña donde más que paredes habían estantes que amenazaban con derrumbarse en cualquier momento por el peso de libros y folders. Acomodó su sombrero para despejar el rostro frente a la cámara.

SG: Tal parece que en nuestra época imaginar es una estrategia de resistencia, ¿podrías hablarnos de la relevancia del sueño y el deseo en la transformación del contexto político?

ME: Nací en un pueblo que todavía no tenía electricidad, era un pueblo lleno de misterios, de imaginaciones, de fantasmas; la primera vez que llegó la iluminación artificial, mi abuela me dijo: Mohsen, todos los fantasmas se murieron.

El mundo que en la oscuridad guardaba los secretos cambió, las imaginaciones de viejos tiempos escaparon con la llegada de la tecnología. Llegué entonces a un punto sobre el determinismo de la ciencia y racionalidad, aquello que Michel Foucault define como el control de la ciencia y la razón. En mi infancia me gustaba el mundo que todavía tiene misterios, por eso hablo de la capacidad de sueño y la capacidad de deseo.

María Zambrano ha dicho que una nostalgia acompañada con un destino crea la utopía, aquí empieza mi búsqueda de la utopía, que es en sí un sueño por ver un mundo diferente al que vivimos hoy; el cambio acompaña la utopía, la capacidad de soñar es la capacidad de crear utopías y cuando perdimos las utopías extraviamos la posibilidad de cambiar el mundo, que se manifiesta  inmutable y te deja en una posición nihilista, en la que das por cierto que del lenguaje de poder nunca cambiará.

El motivo de tener sueños inicia con el deseo; Rumi, el antiguo poeta persa, define el deseo perfectamente al decir: no busques agua, busca la sed. Ésta búsqueda significa vivir en un tipo de inquietud que te lleva a tener un deseo más intenso y amplio. La sed de Rumi es una intensidad. El sueño acompañado de la intensidad de búsqueda puede apoyarnos a liberarnos del lenguaje del poder que nos encierra y limita y que pretende definirnos en su propio lenguaje.

SM: ¿Consideras que el lenguaje del poder permite la posibilidad de agencia?

ME: El sueño cambia el lenguaje mismo; el lenguaje no define siempre nuestros sueños, que a veces pasan todos en silencio. El lenguaje convencional tiene limitaciones que no definen o no pueden abarcar todo el Ser, que tiene lugares como los cuadernos o espacios vacíos, espacios que todavía no están descubiertos, donde todavía vive el misterio. Descubrir estos lugares que no han sido tocados por el lenguaje es posible en nuestros sueños, cuando un poeta sueña  un poema, un poema sueña al poeta.

El poeta transforma el lenguaje, cuando cambia el lenguaje el mundo cambia, esto es más importante que pensar que el lenguaje es un fenómeno definido por la sintaxis, los diccionarios o las gramáticas. El lenguaje es un cuerpo vivo que cambia porque existen los poetas.

Los poetas no son precisamente quienes estudian literatura, para mí, la poesía no tiene género. Para mí tú puedes ser poeta, una persona que no escribe o no es educada en la lectura puede hacer poesía, para mi ser poeta significa una manera de existir, un discurso existencial distinto a la filosofía o la literatura. La poesía no se manifiesta por lo que convencionalmente decimos que es poesía, existe poesía en el cine, en la manera en que una madre habla con sus hijos, una manera de besar, de acariciar, todo esto tiene un asunto poético entre sí.

El poder mismo es también un lenguaje, el poder tiene su propia sintaxis, su propio vocabulario, en las guerras, en estereotipos, en cualquier país hay terminología para el lenguaje erótico, es distinto. La poesía existe en cualquier tipo de lenguaje que podamos definir. El Che Guevara para mí no es un político, es un poeta dentro del lenguaje del poder.

SG: Mencionaste en la charla con Thiago Ponce en la Facultad de Filosofía y Letras que el erotismo y la locura son más subversivos y por tanto más peligrosos para los intereses de la clase política…

ME: Hay un movimiento muy interesante en la poesía turca, se llama Eda, la palabra en persa significa la manera erótica en que las mujeres con un gesto muy simple tocan tu corazón; este acto que puede ser un juego con ojos o manos, es donde una generación definía como el lugar donde vive la poesía. Limitar la poesía a lo que hay en el papel es una manera del sistema de poder que controla la amplitud del discurso de la poesía.

En un discurso sobre lenguaje, poder y fuerza, Umberto Eco hace una interpretación interesante de Chinatown de Roman Polanski. En la película un grupo de gángsters y un grupo de policías luchan entre sí, uno en el lenguaje del poder y el otro en el lenguaje del antipoder, pero la red de poder y antipoder son opuestos similares porque cuando los gángsters desarrollan su sistema de lucha los policías también desarrollan uno. Poder y antipoder crecen juntos. Pero hay un grupo de locos jóvenes que son espontáneos, impredecibles, que al salir a la calle traen la locura al mundo exterior, hacen un espectáculo de fuego y fiesta y se van. Este grupo cambia el lenguaje de poder. Así actúa la poesía misma.

En términos políticos, la libertad sexual tiene su propio impacto, significa por ejemplo, despenalización del aborto. Si tienes libertad sexual debes poder controlar tu cuerpo, la decisión de copulación, o tener hijos; las personas que están en contra del aborto están también en contra de la libertad sexual. Un poema erótico da sueños eróticos desconocidos, en este término tiene impacto dentro de los feminismos y en el lenguaje del poder. En el lenguaje interior tiene otro impacto: su influencia está en la búsqueda de cada uno de nosotros. Ko Un dice: Sí, algunos dicen que pueden recordar mil años/ Y algunos dicen que ya han visitado los próximos./ Es un día de viento/ Estoy esperando el autobús. Al leer este poema la concepción y la interpretación del momento, del ahora, cuando estoy en un viaje siempre recuerdo este poema que es una interpretación del  mundo para mí, la existencia en el lugar en el que estoy adquiere un sentido del presente porque este poeta ha definido el ahora en un extremo de mil años antes y la imaginación de mil años después y da sentido a la estación de vientos donde yo espero un autobús.

SG: ¿Qué sucede con la realidad de la poesía?

ME: No solo la poesía crea otra realidad, sino una realidad importantísima  que da sentido a nuestra vida y nos muestra otras cosas. Tenemos la poesía de César Vallejo o Vladimir Holan que es muy dolorosa, pero Nietzsche dice que uno puede volar en la altura cuando tiene el coraje de mirar dentro del abismo. Debemos irnos al infierno para poder vivir ahora, esto necesita un tipo de coraje. Al leer la poesía  de Vallejo o de Holan miramos  dentro del profundo dolor humano y hay aquí un tipo de significación que es muy diferente,  el dolor humano se manifiesta en los extremos de ser. Llegar a los extremos del ser te apoya para vivir la cotidianidad. ¿Quién no llega a los extremos del ser, quién no ha sufrido? Estos poetas nos dan la posibilidad de ver nuestros extremos. Durante la dictadura de Checoslovaquia, Holan elige ser exiliado treinta años en su propia casa y estar incomunicado del mundo, él dijo: quince años yo hablé con un muro, ahora que estoy fuera el muro puede decirte toda la verdad. Este muro que parece nunca hablar es testigo de la historia.

En la mitología persa tenemos un tipo de piedra que se llama piedra de la paciencia, hay un antiguo cuento que relata la tragedia de una mujer enamorada, sola y triste, cada día llegaba y hablaba de su dolor con la piedra. En un momento le dice o te rompes tú o me quiebro yo. La piedra se rompe y del centro emerge una gota de sangre. Nosotros podríamos pensar que no tiene sentido hablar con una piedra que no escucha. Pero la gota de sangre es el dolor de la piedra que ha escuchado toda la historia del dolor humano.

Escribir poesía como la de Vallejo o la poesía de Holan es ser la piedra que trae consigo todo el extremo del dolor humano. La realidad es que los medios de comunicación pretenden decir que todo es perfecto y no hay dolor, si no tenemos la conciencia de estar en un horrible extremo de tragedia humana en todo el mundo, no tendremos el coraje para buscar el cambio, el cambio empieza sólo cuando conocemos el extremo de la tragedia, es ahí cuando surge la búsqueda de sed para soñar un mundo mejor.

SG: Pienso en la relación que hay entre exilio y poesía, cuando la escritura se convierte en tu propia sed, como mencionabas antes…

ME: El exilio es necesario para ser poeta, cada poeta es un exiliado. Defino mi concepción de la poesía con una frase de mi maestro Ahmad Shamlú quien dice que nuestra historia es una inquietud, de un exilio al otro exilio. Escribir poesía significa vivir otra realidad, es como la locura. Locura y poesía tienen muchas cosas en común, loco y poeta viven, ven y crean otra realidad, que puede ser muy dolorosa, por eso viven al margen. No se puede hablar sólo de dolor en el exilio, también hay un placer en el exilio, de la misma manera en que hay placer en la escritura, como dice Antonio Gamoneda, es poner semillas de placer en el cuerpo de la muerte. Cuando yo llegué a Finlandia los paisajes, la nieve, los árboles, todas las palabras que no conocía y no imaginaba, adquirieron otro significado, eso significa que no reduzco la nieve del mundo a la nieve de mi país, con el exilio uno se va a abrazar otra gente, otros lenguajes, otra cultura, esto implica un placer. Yo me fui de Irán para abrazar otros horizontes, traduje la poesía de Gamoneda y Gelman antes de exiliarme, cuando esto sucedió tuve el placer de tocarlos. Antes de vivir en México, escuchaba boleros de Agustín Lara, pero era necesario estar aquí para realmente vivirlos. Cuando conoces los colores, los olores de otro país, cambian las imaginaciones y las traducciones de la poesía de los lugares desde donde se escribe. El exilio es una tragedia humana que por otro lado ha enriquecido el intercambio cultural, es una catástrofe política que nos permite apreciar la capacidad de una cultura para abrazar al otro, abrazar otros tipos de pensar, de vivir, de existir.

 

Publicado en : http://revistalevadura.mx/2016/01/10/1232/