Standing on Earth

standing_coverby Mohsen Emadi

translated from the Persian by Lyn Coffin
Poetry
Paperback
ISBN: 978-1944700003

In his poems of memory and displacement, Iranian poet Mohsen Emadi charts his experience of exile with vivid, often haunting imagery and a child’s love of language. Lyn Coffin’s translations from the Persian allow Emadi’s poems to inhabit the English language as their own, as the poet recasts his earliest memories and deepest loves over the forges of being ‘someone who goes to bed in one city and wakes up in another city.’ Alternating between acceptance and despair, tenderness and toughness, he writes, ‘I wanted to be a physicist,’ but ‘Your kisses made me a poet.’ Mohsen Emadi is a powerful witness to life in the present times, and Standing on Earth introduces a major world poet to an English-language readership for the first time.

Past Praise

  • “Mohsen Emadi is one of the brightest stars of twenty-first century Persian poetry. Widely known in Iran and Spain, it is time for us to discover Emadi through Lyn Coffin’s brilliant English translations. Enter a brilliant mind’s meditation through the metaphorical language of the heart.” –Sholeh Wolpe
  • “Emadi has become a citizen of the world of poetry, an artist in service to a Muse that taught him that becoming a poet meant ‘discovering the danger of existence and the beauty of childhood’…His poems are experiences that can be lived only through language.” –Sam Hamill
  • “Standing on Earth by Mohsen Emadi is a suddenness of echoes mooring us to the mystical within. The poems witness sorrow lifting, a nation sinking, and breath colliding with itself. A solitude lingers at the heart of each line. A profound reflection. An infinite sigh. This collection, lyrical and imagistic, where between death and silence is remembrance, where shadow after shadow resides, ‘whispers: guess who it is…’ And the poet leaves us wondering because it is wonder that takes us closer to love’s many versions, to an intimacy weaved in nation and exile. The poems in this unforgettable collection ground us, and give us flight.” –Nathalie Handal

Poesía Kurdistana

Kurdistana1 Kurdistana3

1

Fue después de la muerte de Jomeini: el ministerio de educación de Irán, cada año organizaba un festival y un concurso nacional de poesía. Los poemas que un día se escribieron en formas clásicas y con las palabras de propaganda del régimen islámico, poco a poco cambiaban sus colores y sus fragancias. Los oficiales tenían miedo de que el festival de poesía auspiciado por el gobierno, poco a poco se fuera transformando en un festival de versos libres y surrealismo. Por ese motivo decidieron cancelar todas las lecturas de poesía durante el festival, para que ningún estudiante pudiera escuchar otro tipo de poesía. Se produjo la ansiedad de la influencia. Ese año, nos tocó a nosotros, un grupo de estudiantes quienes escribíamos diferente y les solicitamos un espacio: un espacio tan pequeño como un poema para leer, solo uno y nada más. Nos permitieron elegir un solo poema. De Arman que era un poeta y traductor de la poesía kurda al persa pedimos un poema; en lugar de nuestra poesía, elegimos un largo poema de Sherko Bikas traducido por él al persa. Sherko lo escribió después del masacre de Halabcha. Al comenzar la lectura de ese poema los poetas oficiales y gubernamentales abandonaban la sala. Decían: “él es comunista, tenemos que irnos”. Ese poema de Sherko era nuestro grito de silencio.

2

Tres años después de entrar a la universidad. Mi compañero de habitación, Ali, murió en un accidente, junto a otros seis amigos. El era de Kurdistana, un excelente matemático y tocaba el setar. Por primera vez tomé el autobús y fui a Kurdistana para estar con su familia. Mi madre tenía miedo. El sistema de propaganda de república islámica de Irán, había creado una imagen estereotipada y horrible de los kurdos. En la imaginación de las personas del norte de Irán, en los pueblos lejanos en los que las únicas imágenes del mundo llegaban por vía de la televisión o por radio, los kurdos tenían bigotes grandes, trajes antiguos y un cuchillo en la mano. Esperaban en las montañas y cortaban cabezas. Yo también tenía miedo de las montañas desconocidas de Kurdistana. Después de pasar la columna de Salavat-Abad, llegué a Sanandaj, y se abrieron las puertas de otro mundo: uno de gente amable, colores alegres y canciones del amor. Allá, en Kurdistana encontré una nueva familia, una nueva casa con mujeres que cantaban de memoria los poemas de Shirku Bikash. Allá, conocí otros relatos de la historia moderna de Irán. Me enteré de como Jomeini respondió a la generosidad y amabilidad de pueblo kurdo; como se crearon los héroes de la revolución por medio de los comandantes de la represión y como los pueblos fueron masacrados. Todos los kurdos cantan y su canto es la melodía de la resistencia. Una vez en Sanandaj, fui testigo de la masacre: testigo de las balas, de la herida y de la sangre. Eso ocurrió después de la manifestación contra el gobierno Turco, en solidaridad con Oyalan.

3

En Kurdistana de Irán, las canciones y los poemas provenían de diferentes países: a veces de Turquía, a veces de Iraq, de Siria o simplemente llegaban desde el exilio. Los orígenes de esas canciones marcaban el territorio de Kurdistana. Era un país cuyo cuerpo vivía fragmentado en muchos otros países. El hecho de que Kurdistana no exista como un solo país, lo hace transcender de los círculos apretados del nacionalismo y lo convierte en un sueño, una utopía: Una utopía hija de la nostalgia; la nostalgia de un tiempo lejano, un tiempo anterior al del Estado nación; anterior a las fronteras modernas. La poesía y la música kurdas, narran ese sueño. La nostalgia acompaña al objetivo de crear utopía. Quizá por esa razón, en este tiempo en el que las utopías han desaparecido, el pueblo kurdo sea el más utópico del mundo. Es la utopía que inventa la resistencia de Kubane. En una época en la que los intelectuales castrados, el neoliberalismo y la globalización, niegan la existencia del cuerpo en cualquier ámbito de resistencia y admiran a la gente domesticada que se alimenta de palabras vacías, mientras que el pueblo kurdo toma las armas y lucha contra uno de lo mas horribles fenómenos de la globalización: contra los zombis de ISIS. Este cuerpo no huye, baila hacia el peligro.  Sherko en un poema, tras la masacre de Halabcha que ordenó Saddam-Hussein, escribe una carta a dios. Dios nunca recibe la carta, porque en la oficina nadie entiende kurdo. Ese dios solo habla árabe. El idioma de dios siempre es el idioma de los padres, la autoridad y los vencedores. Así ha sido a lo largo de la historia. El kurdo es el lenguaje de las madres, el lenguaje de aquellas canciones nostálgicas.

4

La poesía kurdistana es muy poco conocida en castellano y probablemente esta sea la primera compilación. En la geografía de idioma kurdo viven muchos grandes poetas y este pequeño cuaderno quizá pueda servir de prólogo. Mis amigos kurdos, mi vida en Kurdistana de Irán y mi curiosidad me han brindado la suerte de conocer las bases del idioma kurdo. Sin embargo, he intentado elegir poemas que fueron traducidos con anterioridad al persa o al inglés. El que podamos brindar esta colección no habría sido posible sin la ayuda de amigos como Arman Asadi, Kambiz Karimi, Sufieh Essmat, Omid Forutan, Weria Hawari-Nasab y Omid Zamani. También agradezco a Mónica Maorenzic y su pasión, quien revisó cuidadosamente y corrigió todos mis errores en castellano. Espero que esta publicación sirva como preámbulo para que el castellano abra sus horizontes a la poesía kurdistana.

Mi amigo Arturo Loera y yo dedicamos estas traducciones a las mujeres de Kubane y a las llamas de su oposición contra el ISIS. ¡Viva la resistencia! ¡Viva Kurdistana!

Abismal, Antología

Abismal

 

La poesía del poeta iraní Mohsen Emadi, leída desde Occidente, produce una nostalgia entrañable: la de la creencia en la poesía y en la palabra poética, la puesta en un lugar exacto del arte de la palabra: un lugar fuera de duda. Occidente recuerda en cada crisis su perdida capacidad de afirmación. Filosófica o sociológicamente la razón occidental está en lo correcto. Pero en poesía, asumir ese legado de permanente estar en crisis es una realidad dura para el poeta. La poesía de Mohsen Emadi no trae precisamente “noticias de Irán”. No, al menos, en un sentido descriptivo, de un color vivo y verde de olivos verdes o de altas montañas donde el sueño de una patria que no está domina el palco en que la palabra transita en busca de un escucha/espectador. Aunque la vitalidad de esta poesía se produce desbordada por una confianza ciega en el poder de la imaginación -vuelvo a la imaginación- la huella del exilio le da un tono crítico. Sin embargo, la crítica no se manifiesta en la poesía de Emadi por la puesta en entredicho del nombrar poético. La crítica en la poesía de Emadi se hace presente en la ruptura de la linealidad discursiva que es permanentemente inter-rumpida por el sobresalto imaginario: una razón de cambio de escena, de montaje basado en la discontinuidad lleva al poema a mostrarse casi como mosaicos imaginarios, como instantáneas donde a la percepción del lector le pasa por delante el mundo con una sensación particular de vértigo. Esa ruptura de la linealidad no es la razón vuelta contra sí misma: es el poder de la imaginación. Hace mucho que no leía una poesía que se entregara a la imaginación como si la imaginación fuera el territorio más -o el único- seguro, ese que se hace emerger como iluminación que no pertenece a ninguna distancia, a ningún “allá” o anterioridad que, atraída al presente, fuera la lluvia que apagara el fuego del desamparo. Al contrario -aquí recuerdo a Bachelard- la poesía de Mohsen Emadi es muy cercana a una poética del fuego por su fuerza combustiva oscilante entre la llama y lo que muestra arder.

Una paradoja feliz constituye así la poesía de Emadi: el convertir a la imagen poética en un espacio físico, no imaginari, que la palabra poética en su materialidad configura como lugar posible. Se arma algo épico detrás de las bambalinas de Emadi, algo que toda épica trae a caballo: el pasaje de lo imposible a posible sin que lo imposible pierda su misterio particular. Por el contrario, convierte ese posible que es la realización de un lugar aquí y ahora en una especie de coexistencia de dos planos dialogantes donde lo imposible actúa como fuerza positiva: lo imposible como amenaza de felicidad. Y lo interesante, para mí, es que la imaginación no oficia como refugio o república de la evasión. Moshen Emadi construye una poesía donde la imaginación encarna en la palabra. Esto que acabo de afirmar es difícil de creer en Occidente donde después del siglo XIX la poesía vivió los avatares de su propia desencarnación. El intento de rescate del surrealismo en las primeras décadas del siglo XX pareció a los ojos debilitados de la afirmación una suerte de vaticinio sobre el triunfo aplastante de la razón instrumental al servicio de la técnica más que la creación de una alternativa veraz a una poesía realista. La conversión en dualidad de los “antagónicos” realidad e imaginación situaron a la poesía al margen de sus propias posibilidades imaginarias.

De ese ensamble entre lírica y épica que entrega el poema de Mohsen Emadi viene la convicción de que en poesía todavía es posible el trato con temas “fundantes” como el amor, la patria, la tierra originaria, la justicia, la rebeldía, la amistad, verosímilmente , sin que medie en el poema ninguna razón de olvido ni ninguna mitificación al uso de las grandes derrotas que, para sobrevivir en la memoria como triunfos, suelen echar mano del más bajo uso de la nostalgia. Emadi demuestra que es posible estar fuera del lugar original sin ceder un palmo a la añoranza porque, lo sabe bien, la poesía es la tríada origen-medio-fin que se realiza materialmente en el medio. Tal vez porque la poesía, como toda acción vital cumplida en el momento en que se hace, no busca más promesa que su presente. Su posible escucha corre por cuenta de ese otro que viene al poema en busca de lo mismo. Hay mucho que escuchar de la poesía de Emadi en la medida en que no se olvide que todo poema nos toca y que la poesía es una forma de oriente.

Eduardo Milán

Visible como el aire, legible como la muerte

Emadi - Visible como el aire, legible como la muerte

 

 

Título: Visible como el aire, legible como la muerte
Autor: Mohsen Emadi
Traducción: Manuel Baigorri y Manuel Llinás
Solapa: Ángel Guinda y Manuel Forega
Edición, Prólogo Y Notas: Manuel Forega
Cita Inicial:Mansour Al-Halladj
Ayudas: Fundación Antonio Machado, Ayuntamiento de Soria, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte
Coordinación: Olifante
Fecha De Impresión: 30-6-2012

Una de las características tradicionales mejor asimiladas por Emadí es su vitalidad crítica. A los dieciséis años abandona el cultivo de los metros clásicos sin que ello suponga un abandono de la rica herencia literaria y oral de su país, muy atenta a la naturaleza, a la virtud de la naturaleza. Una naturaleza que no hará acopio de aquel bucolismo latino ni de su amenidad, como tampoco aquel hedonismo que habita en Hafiz semejará el delectare horaciano. La poesía de Mohsen Emadí entenderá esa naturaleza como una naturaleza habitada objetivamente por los seres que la constituyen. Así será en La flor de los renglones.
Sin embargo, conviene no olvidar que aquellos profetas de la tradición «atrapan el milagro que puede inventar la realidad» y dejan para los poetas una «semi-realidad (o mentira)». Como buena madre adúltera, la literatura es el vaso progenitor del embaimiento; y hasta qué punto esta mentira es verdadera constituye ya un asunto que ha de tratar la estética. Ríos y mares de tinta se han vertido en papel y, ahora, virtualidades digitales en pantallas reiteran y reiteran lo dicho sobre cuestión tan elevada y tan maltratada a veces.

fragmento de Introducción de Manuel Forega

Visible como el aire, legible como la muerte es uno de los libros con mayor excelencia poética, originalidad y potencia metafórica entre los aparecidos en el mundo de habla hispana durante la últimas décadas; y su autor, uno de los poetas más relevantes de comienzos del siglo XXI.

Ángel Guinda

 

 

La singularidad y personalidad poética de Mohsen Emadi se trasladan en esta obra impregnada de la huella machadiana a su paso por Soria donde el poeta iraní ha residido durante algún tiempo por haber obtenido la Beca Internacional Antonio Machado creada por la Fundación Antonio Machado que constituye una experiencia única de creación poética en el panorama de la literatura española y que está sirviendo para obtener frutos poéticos tan espléndidos como los que se encuentran en esta obra.
Los ecos machadianos principalmente del “Crimen fue en Granada” que impresionaron a Mohsen en su adolescencia han recuperado voz propia en los emocionantes versos de vida, amor y muerte que resuenan en esta nueva obra poética.

 

Manuel Nuñez Encabo

Catedrático. Presidente de la Fundación Antonio Machado.

 

En 2003, Clara Janés editó, en una edición bilingüe en farsí y castellano La flor de los renglones, el primer libro que el lector español conoció del iraní Mohsen Emadi (Sári, 1976). Poeta, traductor y activista por la democracia en su país, a Emadi le fue concedida en 2011 la Beca Internacional Antonio Machado. Fruto del trabajo realizado gracias a esa beca es el libro Visible como el aire, legible como la muerte. Se trata de un texto ambicioso y poliédrico en el que aborda la realidad de su país de manera sutil y afilada, adentrándose en las incertidumbres, también en las certezas, que acucian a quien vive el exilio y las secuelas del totalitarismo: «En el idioma de los vencedores escribimos elegías para aquellos vencidos que aún no han sido enterrados». No es, sin embargo, poesía-alegato, sino una celebración del lenguaje y de su capacidad reveladora en la que sus traductores se han empleado a fondo y con acierto. Ahí está el amor como refugio y consuelo frente a las inclemencias sociopolíticas; o la muerte, tan presente en la conciencia del que huye a la fuerza; o la cotidianidad evocada («Ellas / iban al trabajo, hacían cola para el pan y la leche»), o la soledad como condena y como salvación. Y, a guisa de aliento unificador, el tiempo y la memoria. Son, ciertamente, argumentos de los que se alimenta la poesía de siempre. Sin embargo, Mohsen Emadi los aborda mediante una inteligente mezcla de experimentalismo y tradición y con una alta carga emotiva, algo que se materializa tanto en el poema en prosa como en el verso dislocado, breve e intenso, estremecedor a veces, que, en el límite de la vanguardia, lleva la realidad al borde del misterio, de lo oscuro: «los secretos de cada casa / sólo los saben sus albañiles.».
Los referentes de Emadi están, sin duda en la poesía persa, en Ahmad Shandou; pero también en una cultura poética cosmopolita en la que el propio autor reconoce presencias que van del checo Holan al norteamericano Mark Strand pasando por nuestro Antonio Gamoneda. El libro se cierra con dos textos radicalmente opuestos: una serie de poemas de índole contemplativa e intimista, con los «campos de Castilla» como telón de fondo, y un acercamiento, en prosa, a la historia más reciente del pueblo iraní y del valor de la lengua en su búsqueda de la liberad («esa palabra prohibida, esa palabra ausente».

MANUEL RICO

La crítica, aparecida en Babelia de El País, el sábado, 1 de marzo, 2013.

De la realidad y la poesía. Tres conversaciones y un poema

coberta_realidadb

Antonio Gamoneda, Clara Janés, Mohsen Emadí, De la realidad y la poesía. Tres conversaciones y un poema
Edición de Clara Janés
Editoral: VASO ROTO
130 páginas
ISBN 978-84-15168-02-7

Este libro podría haberse titulado igualmente: Transcripción de un viaje. Con un viaje a Granada –donde visitan La Alhambra o la casa de García Lorca, donde se hicieron algunas de las fotografías que se incluyen en el libro– como excusa, a bordo de un tren o en diferentes sobremesas, Antonio Gamoneda, Clara Janés y el poeta iraní Mohsen Emadí dialogan sobre algunas de las claves de la obra del poeta de Descripción de la mentira. También sobre otras obsesiones vitales, sobre límites y horizontes. El resultado es una larga conversación en la que los secretos se transforman en confesiones y los recuerdos, en vívidas presencias. Este libro tan especial se acompaña con las fotografías del viaje, con textos de Clara Janés, responsable de la edición, y de Mohsen Emadí, además de con dos regalos: un poema y un relato inéditos de Antonio Gamoneda, así como una selección de poemas de Antonio Gamoneda padre.

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) antes de cumplir un año perdió a su padre, poeta de su mismo nombre y autor de una sola obra, Otra más alta vida (1919) en la que el hijo aprendió a leer cuando tenía 5 años. Con su madre se trasladó a León en 1934. A los 17 años participó en la creación del sindicalismo clandestino y, posteriormente, colaboró con la resistencia. Es autor de catorce libros de poesía, entre los que destacan Descripción de la mentira (1976), Lápidas (1986), Libro de los venenos (1995), Libro del frío (2000), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004). Esta luz (2004) reunió su poesía completa. En prosa ha publicado Relación y fábula (1997), Un armario lleno de sombra (2009) y El cuerpo de los símbolos (1997). Ha recibido, entre otros, el premio Nacional de Literatura, el Prix Européen de Littérature, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes.

Las leyes de la gravedad

Las leyes de la gravedad

 

 

Título: Las leyes de la gravedad
Autor: Mohsen Emadi
Traducción: Clara Janés
Solapa: Ángel Guinda
Ayudas: Gobierno de Aragón
Coordinación: Olifante
Fecha De Impresión: 8-5-2011

Filmación de la poesía

Durante los últimos veranos he tenido la gran suerte enriquecedora de tratar personalmente al poeta iraní en el exilio Mohsen Emadi, gracias a sus estancias en la Casa del Poeta (Trasmoz), en el Festival Internacional de Poesía Moncayo, en Zaragoza y en Madrid: en compañía de Trinidad Ruiz Marcellán, de Manuel Martínez Forega (su primer editor en España), de su traductora Clara Janés, su intérprete Manuel Llinás, o de la fotógrafa Columna Villarroya. Un Mohsen joven, avispadísimo, de elegante sobriedad, profundo, progresista, comprometido, rebelde, amable, cuya mirada transmite un halo de contemplación dinámica, de ensoñadora flotación misteriosa, de infinita nostalgia. Activista del Movimiento Verde contra la dictadura de Ahmadineyab, Emadi es, por encima de todo, un extraordinario poeta dotado de una potentísima imaginación y de un claro talento verbal aleccionadores para gran parte del actual poetizar en Occidente.
En Las leyes de la gravedad encontrará el lector una poesía serenamente agitada y atribulada, una poesía filmada sobre el celuloide del ansia de identidad (“quién soy yo”) o del terror, con la cámara del amor solidario; proyectada en la pantalla de la esperanza combativa. Una poesía, tan elegíaca como epifánica, capaz de construir un mundo nuevo desde la semilla-mundo que es cada palabra; donde el fuego y la cometa son, respectivamente, metáforas de la guerra y de la libertad. Y la personificación (“cortan la cabeza de las palabras”, “se ha encabritado mi herida”, “el cadáver del chocolate”, “bicicleta asustada”) es el arma más pacífica para aniquilar la oscura realidad y abrir un camino por el que huir hacia un universo rehumanizado. Este libro es un tesoro.

Ángel Guinda

La flor en los renglones

PORTADA-EMADÍ

 

EDITORIAL: Lola Editorial
MATERIA: Literatura: historia y crítica
COLECCIÓN: Libros de Berna;14
Nº PÁGINAS: 89
ISBN: 978-84-87240-37-9
FECHA PUBLICACIÓN: 04-01-2003

Un Rimbaud en Persia

“Cuando tañes tu instrumento
aparecen las huellas de un hombre
que sigue a una mujer
sobre la nieve aparecen
una sangrienta
otra no
un cementerio vive en tu instrumento
un instrumento
tu sigue soplando tu fuego
y yo tañendo mi instrumento”

MOHSEN EMADI
Meditaciones filosófica de un zagal

 

La tradición literaria occidental, a la que le cuesta tanto mirar más allá de París, acostumbra a ignorar a grandes genios de otras literaturas.

Figurémonos, por un momento, que nos encontramos en la orilla iraní del Mar Caspio, envueltos por los mil matices diferentes del verde. Las plantaciones de té de los valles de Mazadarán conviven con los inmensos arrozales de las llanuras. En este entorno privilegiado, en la ciudad de Sari, nació en 1976 Mohsén Emadí. Durante su infancia vivió los devenires políticos que cambiaron su país. Creció en un mundo incierto -volvamos la vista a la entrada triunfal en Teherán del ayatolá Jomeini en 1979- y pese a su educación rudimentaria y básica, muy pronto mostró sus dotes para la poesía. Influenciado por sus lecturas de los poetas clásicos del Irán, Emadí comenzó desde muy joven a componer versos en la métrica tradicional de los antiguos vates persas. Al cumplir los 16 años, su poesía da un vuelco y cambia los rígidos esquemas poéticos persas por el verso libre.
La única imagen que he conseguido ver de este precoz Rimbaud iraní lo muestra sentado en el teatro fumando una interminable pipa de haschisch. La obra que estaba viendo en el momento que fue tomada la fotografía era “Yerma” de García Lorca, en una representación en Teherán en el año 2001. Moreno, nariz persa, excesivo bigote, pelo ensortijado y mirada perdida, recuerdo aún su semblante cuando leo sus versos. Emadí mezcla con soltura en su poesía el mundo del cine con el folclore iraní más profundo, lo que hace de él un raro artista para su país, ya que a diferencia de la marcha de cangrejo que sufre Irán, los versos de Mohsen Emadí se proyectan hacia el futuro. Su elaborado tono coloquial y popular le ha hecho acercarse al pueblo iraní como muy poco poetas anteriores persas lo hayan conseguido nunca con sus contemporáneos. La fuerza de sus palabras y la grandeza de su estilo le hace merecedor de figurar en las bibliotecas más allá de su país. Su compleja grandeza de héroe antiguo nos recuerda el destino del poeta que irrumpe en nosotros y nos despierta del letargo de la costumbre y el desaliento. Ya lo dijo J.A. Valente, “el poeta debe ser más práctico que cualquier otro ciudadano de su tribu”

 

 Soren Peñalver, Publicado en Laverdad de Murcia.