El crimen fue en Granada

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Un mes después de llegar a Praga tras los pasos de Vladimir Holan, me surgió un viaje a Italia. Pasé dos días en Roma y me encaminé luego hacia Nápoles para dar una conferencia sobre la experiencia poética en el ámbito digital. Me llevó a la estación de ferrocarril de Roma una bailarina iraní. Su coquetería se deslizaba por la humedad ambiente de Roma hasta plasmarse en la piel de las ventanillas del tren, en cuyo cuerpo fresco mi mano trazaba dubitativa un gesto de despedida. En Nápoles llovía. Nos bebimos la noche entre amigos bajo la lluvia para luego en el hotel hablar de lo divino y de lo humano hasta altas horas de la madrugada en un alto balcón lleno de flores. La lluvia penetraba en la corriente eléctrica que unía alrededor de una mesa lógica difusa y aristotelismo. Por la mañana, el canto de los pájaros y un sol fresco. Continue reading