Romper los espejos

1

Anna Świrszczyńska (1909–1984), la poeta polaca, escribe en un poema: “Si me amas amor mío, ¡mátame!” Otro poema amoroso de Nichita Stanescu pide de la amada: “¡Náceme!” Estos dos poemas de amor, como la mayoría de la poesía lírica, utilizan un “yo” al lado de un “tú”. De estos dos poemas, uno pide la “muerte” y otro pide “nacimiento”. Me pregunto: ¿Qué tipo de relación existe entre esta muerte y este amor? ¿Se puede traducir la muerte en un poema al nacimiento en otro poema? Los deseos de la muerte y el nacimiento surgen ambos de un sólo pronombre: “Yo”, y ambos refieren al final de una “vida”. En otro poema, Anna Świrszczyńska lleva el pronombre “Yo” hasta antes del nacimiento de “sí mismo”: a cinco minutos antes de nacer, a un siglo antes de nacer, a la edad media antes de nacer. Se supone que el poema narra la historia de la feminidad a través de un “Yo”. ¿Qué tipo de pronombre es este pronombre, “Yo”, que al mismo tiempo puede regresar a antes de su propia existencia, y puede desear la muerte o el nacimiento para sí mismo o aun —como en un poema de Ahmad Shamlou— convertirse a “Él” y matarse a sí mismo? Todas estas formas de alejarse de sí mismo, esta muerte y este nacimiento, incluso el asesino de “Yo”, todo refiere a los cambios de punto de vista del narrador. El narrador del texto queda en un punto y ve sus varios reflejos. En estos poemas, la subjetividad del narrador del texto es resultado de una subjetividad reflexiva. En el poema de Stanescu, el pronombre “Yo” reclama que conoce todo del pronombre “Tú”, con todos sus detalles: sus movimientos, sus olores, su sombra, su silencio y su pecho. Incluso todo lo que “tú” nunca sabe de sí mismo. En este poema, “Tú” equivale a todo lo que tiene “vida”. Toda naturaleza viva se convierte en el reflejo de un sólo cuerpo. “Los árboles: sombras de madera de tus venas / los ríos: sombras movedizas de tu sangre.” “Yo” es toda inmovilidad que conoce todo del movimiento. Es una piedra que pone a “tus” pies las sombras de piedra de sus rodillas y pide “náceme”. Es decir, el narrador del texto —el poeta—, ve el “Tú” en la naturaleza con movimiento y decadencia, y reconoce al “Yo” en una naturaleza vacía de vida. Pero el nacimiento ya ocurrió en el poema.

2

Se dice de Bayazid Bastami (804-874) que durante doce años intentó construir un espejo de la materia de su ego. Entonces, cinco años trató de bruñir el espejo y un año se miró en él y comprendió que su confianza en sí mismo y su trabajo era un velo entre él y “el camino”. Entonces cinco años más intentó desconfiar de sí mismo y su trabajo y empezar el camino de nuevo. Después, cuando miró al mundo, vio muerta a toda la gente. Hizo el funeral y regresó; y después sólo estaban él y lo divino. En esta fábula Bayazid, al principio, intenta decirse a sí mismo: “¡busca un espejo!” y ve el pronombre “Yo” en el espejo. Entonces reconoce la distancia entre “Yo” y el camino. Cuando desconfía de “Yo”, ve muerta a la gente. Me pregunto: ¿Por qué en este camino muere la gente y no “Yo”? En otra fábula, Bayazid dice a sus amigos que cuando él hable tonterías sobre la unidad entre “Yo” y lo divino, deben matarlo. Así, una vez Bayazid estaba inconsciente y sus amigos tomaron cuchillos para matarlo. Pero la casa estaba llena de muchos Bayazides. Los cuchillos no funcionaban, como no funciona el cuchillo para matar el agua. Pero, después de un tiempo, todos los Bayazides cayeron uno detrás de otro y apareció un sólo Bayazid, muy humilde y pequeño. Se pueden encontrar muchas fábulas similares sobre él en el folclor persa. Todas estas fábulas reconocen una distancia entre los pronombres y el sujeto. Abusaid Abaljair (967-1049) nunca utilizaba “Yo” para referirse a sí mismo. En cambio, utilizaba “Él”, tercera persona. En lugar de decir: “Yo voy a la casa”, decía “Él va a la casa”.

3

Fue Bayazid Bastami quien introdujo la idea de “aniquilación en lo divino” por primera vez en la historia de misticismo persa. Bayazid pone la idea del “Amor” en el centro de la idea de “Aniquilación”. El amor es el mecanismo que hace posible la aniquilación. Bayazid se ve al mismo tiempo como el amor, el amante y la amada. Al mismo tiempo es el vino, el borracho y el camarero. Shahab al-Din Suhrawardi (1154-1191) dice que en el comienzo la amada es “ella”, a continuación es “Tú”, luego “Yo”; y al final todos los pronombres desaparecen. Ahmad Ghazali en Sawanih explica con siete estados el proceso donde el mecanismo del “amor” realiza la idea de “aniquilación”:

Estado 1: Inicio
El límite extremo del conocimiento es la orilla del amor.

Estado 2: Ocurrencia
Cuando el espíritu entra en el fuego del amor, su conocimiento es lo primero que arde. El amor debe abrir el castillo autoprotegido del amante.

Estado 3: Entrada
El amor del amante es lo real y el amor del amado es un reflejo. La mirada de la hermosura no vuelve su rostro hacia nada más que el amor mismo y no tiene conexión con nada fuera del amor.

Estado 4: Separación
La separación es más alta en grado que la unión, debido a que no hay unión, entonces no habrá separación. La unión es, de hecho, la separación del “yo” y la separación es, de hecho, la unión con el “yo”. Mientras el amor esté en las etapas iniciales, el alimento del amante en el estado de separación es suministrado por la imaginación.

Estado 5: Culpa
El propósito de culpar al mundo de la creación es que, si una pequeña parte de la realidad interior del amante se vuelve hacia cualquier cosa exterior, ya sea por medio de observar algo, o de aspirar a algo, o de estar unido a algo, la conexión debe ser cortada.

Estado 6: Aniquilación
Ni el mundo de la creación, ni el “yo”, ni el amado; la unificación pertenece solamente a la singularidad del amor.

Estado 7: Ideal
El amor come la naturaleza humana y no deja nada detrás. Una vez que devora esta naturaleza, domina el ser del amante y se convierte en el comandante.

El sistema de aniquilación elaborado por Bayazid y la propuesta de “los egos variados” llega a su plenitud en el sistema de Ghazali, que busca cambiar el sujeto y no sólo los pronombres. Me pregunto: ¿Cómo es posible que una idea como “el amor” pueda tener una subjetividad independiente del amante y la amada?

4

Un cuento antiguo persa habla de un padre que tuvo tres hijos muertos. Los tres hijos toman fusiles que no funcionan y van a cazar. Cazan un ciervo que no tiene cabeza. En este cuento todos los caracteres ya están muertos, pero el cuento sigue existiendo y continuando. Ninguna herramienta, ningún arma en el cuento puede funcionar en la realidad exterior, pero en la realidad del cuento hacen su trabajo. Es decir, en este cuento la voluntad de narración supera a la realidad y al entorno de las posibilidades reales. Los regímenes religiosos y muchos sistemas totalitarios utilizan una estructura similar para continuar “el cuento”, “el régimen” o “la idea”, sin preocuparse por las subjetividades de los individuos involucrados en la historia. Tal estructura es muy peligrosa en el discurso socio-político, pero en el proceso de creación artística fue una estructura fértil. Es decir, si cambiamos la idea del “amor” —que es una idea poética en sí— con la “poesía” misma, este modelo propone un método para escribir poemas. Por eso, yo prefiero cambiar la triada de “amor”, “amante” y “amada” por la de “poesía”, “poeta” y “objeto poético”. Por ejemplo, podemos leer esta frase de Rumi sobre amor: “Tu tarea no es buscar ‘el amor/la poesía’, sino buscar y encontrar las barreras que has construido dentro de ti mismo que has construido contra él/ella”.

O este poema de Neruda, que habla de la poesía, pero donde se puede intercambiar “poesía” por “amor”:

Y FUE a esa edad…
Llegó ‘la poesía/el amor’ a buscarme.
No sé, no sé de dónde salió,
de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba.

5

Escribe Ilhan Berk (1918 – 2008) :

7 de octubre de 1951,
era una noche oscura, fría y desierta
éramos treinta personas,
ni un cuchillo separaría nuestros labios
entonces te vimos desde la carreta
fluyendo lánguidamente
todos sacamos nuestros cigarrillos, los encendimos
y cantamos la canción popular.

El 7 de octubre de 1951 fue una noche oscura, fría y desierta. Nadie podía hablar. El lenguaje se hizo mudo en esa absoluta frialdad. Todos los actos humanos eran imposibles. No había posibilidad alguna de interpretación para llevar el significado conceptual hacia el interior del episodio. El peso de la realidad abandonó el poder del lenguaje, el poder que ha abierto grietas entre el ser humano y el mundo con el fin de ampliarse a sí mismo. Había una ausencia real de sentido —no un sentido conceptual originado en la interpretación.

Sí, era una noche oscura, fría y desierta. Treinta personas en una absoluta frialdad, sin un verdadero compañero, sin significado. Era una noche fría en un momento diferente de la historia. El poema no dice nada acerca de la existencia de cualquier intención o deseo de compañía. Todos los deseos callaban en ese frío imposible. Aquí aparece una diferencia entre los místicos y los poetas. En el misticismo matan a los actores con el fin de sobrevivir al acto. Tanto el amante como el amado mueren en el acto de amar, y la unidad final es la unidad de los actores con el acto. Su camino pasa por aniquilar la individualidad. La “voluntad” existe en la mendicidad, “la voluntad de unir”. Los actores deben concentrarse en la unidad con una forma distinta de concentración. Es como saltar al interior de un agujero negro. El misticismo crea la leyenda y su individualidad transmutará la identidad de ésta; serán personajes muertos y la leyenda narrará un final impronunciable. En el 7 octubre de 1951, treinta personas se sentaban en la leyenda unificadora de una frialdad absoluta. El poema destruye la forma mística con el fin de sugerir una forma poética.

La historia es un cuento. El “7 de octubre de 1951” no existe. La poesía es presente infinito. Incluso si nos preguntamos allí sobre la muerte, nos rescata en el instante en que la pronunciamos. Es una experiencia. De hecho, cuando hablamos sobre ella la traicionamos. Todo es presente, nada se hace con recuerdos. Es más, la poesía viene de lo desconocido. Ni siquiera de la inconsciencia.

La memoria es silencio en el 7 octubre de 1951. El significado y la seguridad no podrían venir del pasado. Sin embargo, el presente infinito que ofrecía fluye lánguidamente desde la carreta. Hay treinta personas y un “tú”, un “tú” no pronunciado fluyendo lánguidamente. Es más, tu consciencia lánguidamente suspendida.

Tú, como corporeidad de poesía, no pronunciaste el misterio que vivías. Se trata de otro “yo” nuestro, dentro de un cosmos de misterio. Ese “yo” impronunciable nos atrapa, respiramos otro aire, y vemos los objetos como otro observador. Estas observaciones, experiencias, concentraciones y participaciones, proceden de nuestros cambios milagrosos en el mundo ordinario.

Publicado en Periódico de Poesía , UNAM, Mexico

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